Del lienzo al Oráculo Ether
Setenta y dos cartas nacidas de pinturas, poemas y experiencias vitales.
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Imagen no disponibleEl Oráculo Ether no surgió porque Laura Beltrá Sanz quisiera reunir una colección de cuadros en una baraja. Surgió porque muchas de sus pinturas habían acompañado momentos en los que necesitaba comprender qué estaba viviendo. Pintar era una forma de escuchar, ordenar y atravesar esos procesos.
Pintar para comprender
Laura recuerda la pintura como una suerte de meditación activa. Cada obra nacía de una necesidad personal: explorar una emoción, encontrar sentido en una etapa difícil o dar forma a algo que todavía no podía decir con palabras.
Con el tiempo comprendió que esas imágenes contenían experiencias y aprendizajes que podían dialogar con otras vidas. El oráculo conserva su origen íntimo, pero se abre a la interpretación de quien lo contempla.
Del Éter al Vuelo final
Las 72 cartas, numeradas del 0 al 71, forman una secuencia simbólica. El Éter ocupa el lugar 0 como imagen del todo; el Big Bang, el 1, inaugura un comienzo; Vuelo final, el 71, apunta hacia la libertad.
Entre estos extremos aparecen procesos biológicos, memorias transgeneracionales, preguntas filogenéticas y ecos de la epigenética. Son referencias que Laura lleva a un lenguaje poético y visual; no una explicación científica de la existencia.
Una conversación con la propia vida
Cada carta une imagen y palabra, pero no impone una conclusión. Puede encontrar a una persona en un momento de cambio y sugerirle una pregunta diferente de la que inspiró la pintura original.
El oráculo es así una invitación a reconocer conexiones y a pensar los propios procesos. Nace del recorrido de Laura, sin pretender sustituir la experiencia de quien lo lee.