Laura Beltrá SanzEL’AURABES
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Mirada y percepción

La mirada que vuelve

«Ser»: cuando un error en el número áureo se convierte en una sincronía personal.

Ser · Laura Beltrá SanzImagen no disponible

En Ser hay un detalle que no nació de una decisión consciente. Mientras pintaba el valor del número áureo, Laura omitió un dígito. Lo descubrió cuando la obra ya había tomado forma. En vez de corregirlo, reconoció en aquella cifra inesperada una parte de su propia historia.

El ocho que faltaba

El valor de φ que Laura quería escribir era 1,6180339887. En la pintura quedó 1.610339887: falta el primer ocho de la secuencia decimal. No fue un cambio calculado para producir un símbolo, sino un error al pintar.

La diferencia es mínima a los ojos y decisiva para la artista. Quien conoce el número áureo puede advertir la discrepancia; quien escucha su historia descubre por qué Laura decidió conservarla.

Cuando una cifra se vuelve propia

Al leer la secuencia pintada —1.610339887—, la artista reconoce 16/10, su día y mes de nacimiento; 33, la edad que tenía cuando creó Ser; y 98 y 87, dos años de especial importancia en su historia personal. El dígito ausente convierte así una cifra conocida en un mapa íntimo.

La omisión no fue deliberada. Precisamente por eso decidió conservarla: el error había reunido fechas y recuerdos sin que ella lo hubiera previsto. En esa coincidencia reconoció un momento de sincronicidad que pasó a formar parte de la obra.

Atravesar la tempestad

La obra dialoga con las cartas Tempestad, Muerte y Resurrección del Oráculo Ether, y de ella surgen también Vida y Meditación. Son distintas formas de nombrar los cambios, la pérdida, la conciencia y el renacimiento.

En la pintura, como en la vida, no todo se comprende mientras sucede. A veces es la distancia —o el estado meditativo desde el que Laura trabaja— la que permite leer de otro modo lo vivido. El ocho ausente permanece ahí: no como una falta que haya que ocultar, sino como parte irrenunciable de Ser.

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